Agricultor de tierras moras ahora cristianas,
Labriego bajo el sol de piel tostada,
Hombre de campo de rudas manos,
Con cayos demostrando tu trabajo,
Sin importar las inclemencias del tiempo,
Sudando o empapado, cultivando encorvado,
Para llevar pan a tu mesa y tu fruto cultivado,
Quitando el hambre al de ciudad,
Regalando con tu sudor, dieta mediterránea a los demás,
Profunda es tu voz como torcida tu letra,
Poca aula en tu niñez, largas horas de siembra,
Bajo el mar de plástico almeriense,
Antes enfermas, antes envejeces,
Pero al canto del gallo cada día retomas tus quehaceres,
Orgulloso hay que sentirse del padre agricultor,
Que amando la tierra labrada no la quiso para sus hijos,
Pues duro es el trabajo del arado,
Pero liviano y agradecido, el de la pluma del leído.
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